Hola a todos bienvenidos a mi página web.
Soy un apasionado desde niño de todo lo referente a las historias, las batallas navales tanto belicas como estrategicas. esta página web la quiero dedicar a todo este referente sus batallas navales, sus estrategias, sus tácticas, su tecnología de antes y de ahora, las historias cruentas que sucedieron. Un reconocido homenaje a todas aquellas personas que dieron sus vidas por estas causas. un recorrido por los lugares etc. espero que disfrutéis de todo esto como yo lo estoy haciendo. Y un pequeño recorrido por la construcción de nuestro buque insignia El Santísima Trinidad, podeis seguirlo en mi Blog.
Después de cuatro siglos de navegación exclusivamente fluvial, los faraones emprendieron el salto a la navegación marítima cuando fue necesario competir comercialmente con los fenicios. Los egipcios entablaron contra los Pueblos del Mar el primer combate naval de la historia, la batalla de Pelusio, y sentaron las bases de las futuras embarcaciones militares griegas, así como de las técnicas de combate.
El desarrollo de la marina de guerra propiamente dicha nació en el Mediterráneo Occidental. Fueron los fenicios quienes unificaron los conocimientos de las culturas marítimas que florecieron en el mar Egeo -la minoica, la micénica y la de los Pueblos del Mar-, para crear la primera talasocracia propiamente dicha. Los fenicios han pasado a la historia como el pueblo navegante por antonomasia; su civilización se extendió por el Mediterráneo hasta el extremo oeste, y llegaron a explorar África y la costa atlántica de Europa. Los fenicios sentaron las bases técnicas y comerciales del tráfico marítimo en la antigüedad.
Con la consolidación de la cultura griega se produjo la primera gran expansión marítima de carácter eminentemente colonial de la historia. También con Grecia llegó la primera utilización del barco como arma decisiva en la guerra, muy especialmente en la batalla de Salamina contra los persas. Con los griegos, el mar, la navegación y el motor de su desarrollo.
Roma recogió los beneficios de la cultura naval griega y dominó el Mediterráneo de levante a poniente y de este a oeste, confugurando una cultura náutica que se mantuvo hasta la Edad Media europea.
La expansión griega tuvo que enfrentarse en su primer choque militar con el recientemente creado Imperio persa.
Durante más de 20 años, desde el 500 al 478 a.C., ambos pueblos protagonizaron confrontaciones cortas pero intensas que dieron lugar a memorables batallas, como las de Maratón y Salamina, en las que quedó de manifiesto la importancia del poder y la estrategia navales.
La transición entre los siglos XVIII y XIX vino marcada en Europa por la expansión de la reciente República de Francia llevada a cabo por Napoleón. Los planes expansionistas de Bonaparte tropezaron en aguas del océano con la Marina inglesa, originando los mayores enfrentamientos navales de la historia que culminaron en la batalla de Trafalgar. Tras la derrota de los franceses, Inglaterra asentó su hegemonía en el mar durante los siguientes cien años.
Inglaterra impuso el primer retroceso a los planes expansionistas de Napoleón en Abukir, en la costa de Alejandría, en la que se denominó batalla del Nilo. Tras una intensa persecución por el Mediterráneo, la flota de Nelson alcanzó por sorpresa a la francesa, obteniendo una victoria que desbarató los planes asiáticos del general francés y tuvo una enorme repercusión política en Europa. Para Nelson supuso la gloria y la demostración ante el mundo entero de su valor y de sus dotes de excepcional estratega.
Los planes marítimos de Napoleón sufrieron otro revés cuando la flota danesa fue derrotada en aguas de Copenhague. La reacción inglesa a la formación de la Liga de Neutralidad Armada, una asociación integrada por Francia entre Rusia, Prusia, Suecia y Dinamarca, fue consolidar e imponer el poder de la Royal Navy en los mares de Europa. La batalla fue otro osado triunfo de Nelson, quien se salvó de un consejo de guerra al desobedecer las órdenes de su almirante en jefe.
Al fracasar su estrategia en el Báltico, Napoleón empezó a planificar la invasión de Gran Bretaña por el paso de Caláis. Ante el peligro que suponía el Ejército francés, concentrado principalmente en Boulogne, el gobierno inglés decidió utilizar su superioridad en el mar para bloquear a la flota francesa en sus puertos de base. En la primavera de 1803, la tensión creció hasta desembarcar en la batalla de Trafalgar casi dos años y medio más tarde.
Tras liberarse por segunda vez del bloqueo de Tolón, Villeneuve logró reunirse con la escuadra española y ejecutar el plan de Napoleón para confundir a la Royal Navy. Sin embargo, la flota francoespañola, tras atravesar el Atlántico e intentar liberar el puerto de Brest sin conseguirlo, acabó en Cádiz bloqueada por Nelson. Su precipitada salida a la mar llevó a la gran batalla de Trafalgar, donde su derrota fue total. Tras ella, Inglaterra se reafirmó como la gran potencia naval del siglo XIX.